El Águila remonta el vuelo...

"Si la razón hace al hombre, el sentimiento le conduce"






lunes, 2 de marzo de 2026

Amanecer

El amanecer llega como un susurro antiguo, misterioso, como si el mundo volviera a aprender a respirar. Hay algo muy especial en ese instante en que la luz duda, en que el cielo no decide aún si arder o callar. Me invade una energía suave y poderosa, un querer profundo, una certeza sin palabras. Amo los amaneceres luminosos, cuando el cielo se abre en dorados encendidos y el día nace con valentía. Pero también me asombran los otros: los nublados extraños, los grises que se tiñen de violetas, los rosados cansados, los azules que parecen guardar secretos. En todos sus matices, el cielo habla. Nunca repite su voz, nunca se conforma. El mar acompaña ese diálogo: a veces en calma, liso como un pensamiento sereno; otras, agotado, con olas que respiran hondo, como si hubiera soñado demasiado. Y aun así —o por eso mismo— todo es maravilla. Todo es fuerte. Todo me atraviesa. Porque cada amanecer, luminoso o cubierto de enigmas, me recuerda que existir es un acto profundamente bello. Antes de que el día sepa su nombre El amanecer no irrumpe, se desliza. Llega con preguntas en los bordes y una luz que no promete nada, pero lo entrega todo. Hay mañanas en que el cielo despierta encendido, con ganas, con esa energía que empuja el pecho y hace decir sí sin saber a qué. Y otras veces no. Otras, el día aparece cansado, cubierto de nubes raras, manchadas de colores que no aprendieron a ser bellos y por eso lo son. También ahí me quedo mirando, también ahí algo en mí se abre. El cielo cambia de piel sin pedir permiso: grises que se vuelven lilas, azules profundos, amarillos que tiemblan. Ninguno sobra. Todos dicen algo distinto. El mar escucha. A veces está quieto, como si pensara. Otras, llega agotado, respirando fuerte, contando historias con cada ola. Y yo, en medio de todo eso, siento. Con fuerza. Con asombro. Cuando el día muerde El amanecer no pide permiso. Muerde la noche y deja restos de luz en el cielo. A veces nace incendiado, con colores que no saben estarse quietos, con una energía que empuja la sangre y me obliga a querer, a estar viva, a decir sí con el cuerpo entero. Otras veces llega torcido, nublado, extraño como un pensamiento que no se explica. El cielo se mancha de grises rotos, de violetas cansados, de azules profundos que no prometen nada y aun así me atrapan. Todo el cielo importa. Cada herida de color. El mar responde. En calma, respira lento, como una bestia dormida. Agotado, golpea, se rompe, insiste, arrastra su cansancio hasta la orilla y lo deja ahí, temblando. Y yo miro. Siento fuerte. Siento sin orden. Porque cada amanecer, luminoso o cubierto de nubes salvajes, me recuerda que el mundo no es suave… y que aun así es maravillosamente real. RVC.

Antonio Gaudí

“La creación prosigue incesantemente a través del hombre. Pero, el hombre no crea, descubre el color que buscan las leyes de la naturaleza para bajar su ser de la nueva obra son colaboraciones del creador. Quién copia no colabora, porque, la originalidad consiste en retornar a los origines.”

“Cuando las formas son más perfectas, exigen menos adornos”

“La imitación de los estilos implica necesariamente una decoración superflua, los estilos simples, al contrario, tienen una buena estructura”.

“La elegancia es hermana de la pobreza, pero no se debe confundir la pobreza con la miseria.”

“La cualidad ideal del la obra de arte es la armonía, que en el arte plástica nace de la luz que decora y da relieve. La arquitectura es la disposición de la luz”

  1. Gaudí

Parque Guel

Parque Guel
El parque Güel, fue construido con la idea de realizar una urbanización de casas de familia destinada a la clase media de la época. El proyecto no tuvo éxito y hoy es el parque municipal. En la foto, la entrada principal. (Barcelona)


Uno de los pabellones de entrada al parque Güel destinado a la administración. En éste se conjugan los elementos básicos que Gaudí escogió para la construcción del parque.

Varias imágenes de las entradas elevadas que recorren el parque. Decoración vegetal e mineral, integración de la naturaleza en una ciudad jardín, el gran propósito de Antonio Gaudí.

Pabellón de entrada al parque Güel y cumbre de las dobles cruces gaudianas.