El Águila remonta el vuelo...

"Si la razón hace al hombre, el sentimiento le conduce"






Para Niños


El Juego de la gallinita ciega.
Si haces una fiesta en tu casa, puedes invitar a tus amigos a que jueguen contigo a la gallinita ciega.
Uno de vosotros se tiene que tapar los ojos con un pañuelo. Los demás os colocáis a su alrededor y le preguntáis: “gallinita, gallinita ¿qué se te ha perdido?” y él tiene que responder. “Una aguja en un pajar”.
Todos los demás tenéis que decir entonces “Da tres vueltas y la encontrarás”, al tiempo que le hacéis dar tres vueltas sobre sí misma para desorientarlo.
El que tiene los ojos tapados tiene que intentar atrapar a algún niño o niña que está jugando. Vosotros podéis tocar palmas o hacer ruidos para que sepa dónde estáis.
Cuando atrape a alguien, tendrá que decir quién es palpándole la cara, la cabeza o las manos. ¿Sabrás reconocer a tus amigos cuando te toque a ti?


El Juego de la Pluma.
Para jugar con la pluma, tú y tus amigos debéis sentaros formando un círculo, muy cerca uno de otro. Coge una pluma o alguna otra cosa parecida, sopla y hazla flotar en el aíre. Tus amigos tienen que mantenerla en el aire, soplando cuando la tienen cerca.
Si alguien la deja caer al suelo, pierde y tiene que pagar una prenda, que será la que decidáis entre todos. Puede ser por ejemplo cantar, bailar o imitar a algún animal.


Los niños que se perdieron.

Había una vez cuatro niños que fueron de excursión al monte. Se fueron tan lejos que se perdieron en la oscuridad.

Por la montaña de al lado bajaban lobos y atacaban a los que pasaban, menos mal que el más pequeño encontró una gruta y entraron todos, con una piedra pudieron tapar la entrada a la gruta, miraron a su alrededor y vieron otras cavidades en la roca que les llevaba a otros lugares. Ellos caminaron hacia uno de esos pasadizos y vieron una habitación con una cama de piedra y se quedaron a dormir.

A la mañana siguiente no  podían abrir la puerta que tenía la habitación, buscaron a su alrededor y encontraron una llave con la cual abrieron la puerta y salieron de la gruta cuando pudieron sacar la piedra de la entrada de la gruta, en la salida vieron hombre de piedra, echaron a correr y encontraron un bosque.

Juan, Luís,  Rocío, Macarena; mirar… un castillo de oro, -dijo Pedro. ¡Qué bonito! - Exclamaron todos. –“Pero está muy lejos” dijo Pedro que era el profesor. De pronto un gigante que no sé sabe de donde salió, los persiguió. -¡Cuidado profesor que le va a pisar! Exclamó Juan.
Pronto, allí hay una cueva nos refugiaremos, en la cueva había un gorila no muy amigable y vieron otra cueva y se fueron hacía ella. El gorila daba palmadas y patadas a la cueva ya que no podía entrar porque la entrada era pequeña.

Cuando, en ese momento apareció el gigante y se pusieron a pelear porque ambos querían a los niños y al profesor, y se peleaban para ver quien de los dos se quedaba con todos. En la pelea ambos se cayeron por la montaña abajo y murieron al instante. Ellos salieron de la cueva y vieron una ciudad a los lejos …. Y colorín colorado este cuento se ha terminado.

Autora Rossana Herrero  en 2º de educación primaria.





EL ARMARIO DE CAMILA
–CAMILA baja, que está el desayuno. 


«El desayuno, el desayuno ¿y qué?», pensaba Camila tras echar una ojeada al caos revoltoso de su habitación. Y es que aquel desorden no había por donde cogerlo: calcetines sin pareja, los vaqueros hechos un lío y dentro de las botas de agua, el paraguas totalmente descuajeringado y metido en la papelera, varios libros apilados, por no decir tirados sobre la mesita de noche, hasta su oso de peluche preferido asomaba una oreja por debajo de la cama. «¡Oh, no!», el edredón se había confabulado contra ella y allí estaba haciendo las veces de alfombra. «La pena es que no puedo hacer desaparecer todo esto. 
Bueno, utilizaré el viejo truco. ¡Todo al armario!» Camila recogió todo aquel barullo colorista. Como pudo abrió las puertas del armario y lo metió dentro. Empujó, empujó y fue cerrando casi al mismo tiempo a fin de que no se le viniera encima la avalancha de cosas. ¡Cerrado! Miró la habitación y se dijo satisfecha: «en fin, no ha quedado tan mal». Estiró el edredón sobre la cama y terminó de vestirse. De nuevo la voz de mamá: –Camila, ¿bajas? Esta vez el tono era más imperioso e impaciente. –¡Voy! –dijo Camila–, no encuentro mi otra bota azul. –Está aquí en la cocina, para variar –dijo Doro. Doro era la madre de Camila. En realidad se llamaba Dorotea por una tatarabuela suya, pero que a nadie se le ocurriera llamarla así porque podría peligrar su vida. Dorotea, digo Doro, adquirió este diminutivo desde pequeña y se prometió a sí misma no utilizar ningún nombre de los antepasados para sus hijos si algún día los tenía. El ejemplo de que cumplió su promesa fue que cuando nació Camila, pues eso, le puso Camila y se saltó a la torera toda la tradición familiar. –¡Vaya!, otra vez he perdido una bota –dijo Camila en voz alta–. Bueno, bajaré con una bota y una zapatilla, ¡puede ser divertido! Y salió de su cuarto. Empezó a bajar la escalera. –Bota, zapatilla, bota, zapatilla,... Pero, ¿y si las palabras se vuelven traviesas? Entonces diría tabo, llatipaza. ¡Qué pasada! Llegó de esta guisa a la cocina. Su padre, Víctor, engullía deprisa unas tostadas ayudado por sorbitos de humeante y oloroso café.

–Buenos días Camila –dijo Víctor en voz baja y con la boca llena de pan–, trata de no poner a mamá nerviosa, y por favor Camila, recoge tus cosas. Pero Doro oyó el cuchicheo: –¿Qué tramáis a mis espaldas? Y su voz sonó a metal húmedo porque estaba prácticamente tragada por la lavadora. Los dos se echaron a reír. –Muy graciosos, muy graciosos –dijo Doro sin sacar la cabeza del artefacto lavador, como lo llamaba la abuela Adelaida. 
–Mamá, ¿dónde está mi tabo? –preguntó Camila con cara de angelito.  La madre salió de la lavadora. –¿Tu qué? –preguntó Doro presa de desasosiego. –Mi tabo, mamá. Y Camila se guardó la risa dentro del tazón de copos de maíz. Algunos salieron volando por el resoplido. La niña observó divertida a sus padres. Se miraron entre ellos, luego la miraron a ella: –¿De qué hablas Camila? –preguntó Víctor–, ¿acaso es algún trabajo para el cole? Camila no pudo aguantar más y soltó la carcajada con el consiguiente espurreo de leche. Decidió sacar a sus padres, ¡pobres adultos!, de aquella incertidumbre. Pero ya mamá estaba regañando: –Camila eso no se hace, tienes ya nueve años, mira como lo has puesto todo. Víctor, ¡dile algo por favor! –Veamos Camila –dijo Víctor–, para empezar no se espurrea la comida, por supuesto ahora lo limpiarás todo y... –Es que me ha entrado una risa –dijo Camila– que... –¡No me interrumpas! –cortó Víctor–, ¿estamos? Camila asintió con la cabeza.    –¿Y qué es eso del tabo?, ¿un trabajo sobre un animal exótico? Camila negaba. –¿Un mural sobre alguna máquina? De nuevo Camila negaba con la cabeza y como veía que a su padre se le acababan los argumentos sobre trabajos para el cole, confesó: –Yo sólo he preguntado por mi bota, mi otra bota, ¿recuerdas mamá? –Y enseñó el pie con zapatilla por debajo de la mesa. –Vamos Camila yo he oído tabo, en cuanto a tu otra bota está allí –y la madre señaló con energía el verdulero.  
Efectivamente, la niña vio como su bota se encontraba en la última cesta del verdulero rodeada de tomates rojos, lechugas verdes y apios floridos. –¡Ah!, ¡qué bien!, por fin encuentro mi tabo, menos mal que no ha pasado la noche sola –dijo Camila mientras se levantaba para ir a cogerla–. Ha estado con sus amigos los tesmato, los nospipe y doña gachule y ellos la han cuidado. –Pero ¿qué dice esta niña? –preguntó Víctor que en aquel momento se encontraba delante de la vitrina de los vasos. –Papá, ¿tú sabes hablar con los muebles?  –¡¡Camila!! –Está bien, yo sólo quería –dijo Camila con la mejor de sus expresiones– jugar con las palabras, con las cosas, ¿comprendes? Pues no, por la cara que ponía Víctor se veía que no entendía nada. –Sentaos un momento que os lo explique –dijo Camila. Los padre se sentaron a pesar de que el tiempo se les echaba encima. De hecho, Víctor miró impaciente el reloj. –No voy a tardar nada. 
Mirad, se cogen las palabras y se les da la vuelta, por eso la palabra «bo–ta» se convierte en «ta–bo», y así con todas. –¡Ah! –exclamaron casi al unísono Doro y Víctor. Y sin salir de su asombro se levantaron para seguir la marcha del día una vez solucionada la crisis. –Pues bien señorita Camila –dijo Víctor–, como veo que ya has encontrado tu tabo, te la pones, recoges esto (señaló la mesa) y ¡N O S  V A M O S! «¡Uf!, esta palabra es de las que se hacen grandes así que... ¡Camila a correr!» Desde la puerta de la calle y mientras Víctor sacaba el coche del garaje, Camila gritó: –Mami, ¿te ha gustado el juego?, luego si quieres seguimos. ¡Adiós roDo! Se oyó un buen portazo. Sin intención, claro. 
Lo cierto es que aquella mañana corría un viento fuerte y maleducado que pretendía culpar a las niñas de los portazos de las puertas, de la caída de los tendederos,... –¡Camila! –oyó a través del blindaje de la puerta. Pero la niña estaba sentada ya dentro del coche y Víctor arrancaba a toda pastilla, eso sí, con prudencia.







Esta es la caratula de un cuento que hice para mi hija, un día os lo cuento.
















Para colorear







El  MISTERIO DE LOS CRISTALES

En el interior de la Montaña de Fuego se hallaba un gran tesoro. Hasta él accedieron los más valientes e ingeniosos héroes o heroínas. Para ello debieron de superar pruebas extraordinarias, atravesado la Siete Puertas Misteriosas. Unos encontraron como premio un cofre lleno de oro, otros un animal de singular belleza y otros …¡ tendrías que verlo!
Pero ninguno de los valientes, entusiasmados con sus valiosos regalos, se detuvo a contemplar la cámara del tesoro con detenimiento.
En un rincón oscuro y apartado, en donde nada podría existir, se hallaba la clave para una nueva aventura. Sólo una niña, que había vencido a los feroces escorpiones, al gigante de madera o había cruzado el ría de lava, acompañada siempre de su fiel perro Tranco, descubrió aquel lugar. Tranco se puso a ladrar y a dar saltos como loco delante del trocito de pared ennegrecida por los siglos. Allí , en aquella oscuridad brillaba un cristal pequeñísimo.
La niña, que se llamaba Anabel, se acercó a su perro.
-¿Qué te sucede Tranco?, ¿qué has visto= Anda, regresemos a casa, hemos conseguido superar las pruebas de las Siete Puertas. Ya tengo mi recompensa y ..
¡Se detuvo! Acababa de ver el cristal brillante saliendo de aquella pared.
Cuando se acercó para tocarlo oyó la voz de la Sabiduría.
- No lo hagas, Anabel, tú ya viviste tu aventura, deja que otros chicos descubran las riquezas y secretos de a Montaña de Cristal.
Las puertas de la Montaña de Fuego se cerrarán cuando llegue la noche y toda la magia del mundo de los sueños dormirá envuelta en una fina lluvia de pétalos llegados de la Luna de Ing.
En ese instante sucederá el prodigio, pues siete cristales serán colocados en los confines del Mundo. Aquel que consiga encontrarlos y reunirlos, podrá acceder al interior de la Montaña de Cristal y descubrir el Secreto del Mundo.
Este hecho será conocido como el misterio de los Cristales Gigantes.
Márchate ahora, Anabel, pues nuevos desafíos están a punto de comenzar ¡Buen viaje!
La voz de la Sabiduría se oyó más allá del más allá y su eco se fue perdiendo mientras la niña se apresuraba a salir de allí llevando a Tranco en brazos.




IMPRIMIR Y COLOREAR






HISTORIA DE UN GATO BRITÁNICO
En un aeropuerto de cualquier punto de Brasil, había un brécol y una breca esperando la llegada del vuelo BRO -348 que venía de Bruselas. Ambos eran espías al servicio de la bruja Salobre. Para pasar inadvertidos leían un libro de bricolaje. La breca llevaba un brazalete de brillantes en su brazo derecho
El avión se retrasaba y empezaron a sentir hambre y sed, así que fueron a la cafetería de suelo brillante y platos de cobre. De pronto un hombre con aspecto de bribón les entregó un sobre y una brújula. Abrieron el sobre. Este contenía un mensaje en clave: «El brigadier está en Bretaña con la brassía mágica». Aquello había que interpretarlo y mientras comían brevas lo descifraron ayudados por un librillo de claves de espionaje. En realidad el mensaje decía: «El gato está en Bretaña con la brassía (orquídea mágica)», objeto de la búsqueda.
Estaba claro que aunque el brécol y la breca eran dos brillantes espías, el gato británico había burlado su vigilancia. La brújula significaba que desde luego habían «perdido el norte», una bromita de la bruja Salobre. ¡En fin!,partamos hacia Bretaña, y abrochándose el abrigo tomaron el vuelo más rápido que pudieron hacia la tierra de los bretones.
Les tocó como compañero de viaje un labrador que llevaba una liebre y una cabra. La cabra se comió todos los periódicos que regalaban, así que no se pudieron enterar de la actualidad mundial. Cuando intentaban dormirse, el labriego les dijo de forma breve: «Mi nombre es Ambrosio y el de mi cabra Brillantina y a la liebre le he puesto Broma, porque es muy bromista». Después les invitó a probar un brebaje fresquito.
El brécol y la breca habrían preferido una brocheta de carne, pero aceptaron. Cuando se tomaron el potingue cayeron en un sueño profundo. El labrador se quitó el disfraz, no era otro que el gato británico, agente con licencia para pintar, así que sacó de su zapato una brocha y mojándola en jengibre azul, pintorreó los rostros de los agentes breca y brécol. Se rió un buen rato de ellos y abriendo su paracaídas, salió del avión en caída libre.
¡Adiós!, qué sois unos brutos. ¡Ja, ja, ja,...!

Antonio Gaudí

“La creación prosigue incesantemente a través del hombre. Pero, el hombre no crea, descubre el color que buscan las leyes de la naturaleza para bajar su ser de la nueva obra son colaboraciones del creador. Quién copia no colabora, porque, la originalidad consiste en retornar a los origines.”

“Cuando las formas son más perfectas, exigen menos adornos”

“La imitación de los estilos implica necesariamente una decoración superflua, los estilos simples, al contrario, tienen una buena estructura”.

“La elegancia es hermana de la pobreza, pero no se debe confundir la pobreza con la miseria.”

“La cualidad ideal del la obra de arte es la armonía, que en el arte plástica nace de la luz que decora y da relieve. La arquitectura es la disposición de la luz”

  1. Gaudí

Parque Guel

Parque Guel
El parque Güel, fue construido con la idea de realizar una urbanización de casas de familia destinada a la clase media de la época. El proyecto no tuvo éxito y hoy es el parque municipal. En la foto, la entrada principal. (Barcelona)

Uno de los pabellones de entrada al parque Güel destinado a la administración. En éste se conjugan los elementos básicos que Gaudí escogió para la construcción del parque.

Varias imágenes de las entradas elevadas que recorren el parque. Decoración vegetal e mineral, integración de la naturaleza en una ciudad jardín, el gran propósito de Antonio Gaudí.

Pabellón de entrada al parque Güel y cumbre de las dobles cruces gaudianas.